Antes de adentrarte en este viaje por la memoria de nuestras calles, debemos mirar hacia atrás, hacia ese siglo XX que lo transformó para siempre. San Adrián es, ante todo, un regalo de la naturaleza. Estamos abrazados por las aguas del Ebro y el Ega, dos ríos que no solo riegan nuestras huertas, sino que nos otorgan con orgullo nuestro apodo: « aguachinados ». Gracias a la riqueza de nuestra tierra, San Adrián vivió una revolución única. Lo que comenzó en pequeños obradores familiares estalló en un fenómeno industrial sin precedentes, y nuestra localidad dejó de ser un pequeño pueblo agrícola para convertirse en la « capital de la conserva ». En 1900, San Adrián era un pequeño pueblo de 959 vecinos, que, a mediados del siglo XX ya alcanzaba los 2.836. Al comenzar el siglo XXI, ya superaba los 6.000 habitantes.
Hoy, San Adrián late con una doble identidad que nos define: la del campo que nos alimenta y la de la industria que nos transforma. Al pasear por esta ruta, estarás recorriendo nuestra esencia, el esfuerzo de nuestros antepasados y el espíritu emprendedor que nos puso en el mapa del mundo, y dejó un legado que permanece vivo en el ADN de nuestras empresas actuales.
Pero antes de comenzar nuestra ruta, detengámonos un momento para hablar de las imponentes chimeneas que dominan nuestro pueblo.
En su día, su función era esencial: servían para expulsar los humos que se generaban en las calderas de vapor de las fábricas conserveras. Estas calderas quemaban carbón o leña para calentar el agua necesaria en varios procesos de producción, como la esterilización de latas en las autoclaves y el escaldado de productos típicos, entre ellos, el famoso espárrago de Navarra.
Gracias a su gran altura, las chimeneas generaban una corriente de aire que ayudaba a mantener el fuego encendido con la intensidad justa para que las máquinas funcionaran sin interrupciones. En otras palabras, eran el “pulmón” que sostenía el ritmo de la producción a gran escala.
Pero no todo era técnica. Estas chimeneas también cumplían otro papel: el de símbolo visual. Se convirtieron en puntos de referencia que podían verse desde lejos, marcando la presencia de una industria pujante.
Hoy, cuando las fábricas han quedado en silencio, las chimeneas se han transformado en un monumento que rinde homenaje al pasado conservero de San Adrián. Por eso siguen siendo protagonistas en celebraciones como la Feria de la Conserva, recordándonos el esfuerzo y la historia de toda una comunidad.
¡Bienvenido a nuestra historia! ¡Bienvenido al corazón de la Ribera!
Chimenea de Industrias Muerza: El origen y la visión industrial
De las cinco chimeneas que se levantaron, la chimenea de Industrias Muerza, es la más emblemática, ya que se considera el símbolo industrial de San Adrián y patrimonio local.
En 1875, Máximo Muerza inició su andadura con un pequeño obrador conservero situado aquí.
Tras su muerte, en 1913, se crea la sociedad colectiva impulsada por su viuda, Celestina Garbayo y sus hijos, Fructuoso, Celso y Julio, donde Fructuoso toma un papel protagonista, profesionalizando el negocio familiar junto a su madre y sus hermanos. Fue entonces cuando comenzó la expansión que marcó la época dorada de la empresa en San Adrián, dejando el recuerdo de un pequeño taller familiar y convirtiéndose en una potencia industrial pionera en las conservas vegetales de Navarra.
En 1938, se produce una importante modernización tecnológica con la compra de nueva maquinaria, que permitió automatizar procesos que antes eran manuales y satisfacer la creciente demanda de los economatos del ejército y el auxilio social durante y después de la Guerra Civil. Industrias Muerza vive décadas de éxito.
Entre 1945 y 1970, fueron creando filiales de Industrias Muerza, como Bodegas Muerza, para elaboración y venta de vinos, Pectinas Muerza, donde fabricaban pectina, Industrial Exportadora Conservera, dedicada exclusivamente a mercados exteriores, o Frigoríficos del Ebro, filial logística y servicios de frío.
En 1979, es adquirida por la empresa aceitera Koipe. Aunque perdieron la condición de empresa familiar, mantuvieron la razón social “Industrias Muerza”, asegurando la continuidad del negocio, que en 1989 pasó a formar parte del Grupo IAN.
El Grupo IAN no sólo adquirió la infraestructura industrial en San Adrián, sino también la centenaria marca Carretilla. En 2025, el Grupo IAN celebró sus 150 años.
Dato curioso: Se les adjudicó la fabricación de la primera lata de espárragos de España y la primera plantación de espárrago, trayendo la semilla de dicho fruto de California.
Marcas registradas: “Carretilla”, “Bebé” y “C. Muerza”
La Plaza
El nombre de esta plaza fue elegido en memoria de Fructuoso Muerza.
Comenzó a tener presencia hacia 1995, y, concluyó en 2002 con la construcción de los edificios que se pueden observar, cuya fachada toma una curva en el centro, a conjunto de la simetría de la chimenea.
Conserva su chimenea como símbolo del esfuerzo de las generaciones que transformaron nuestra villa, y un recordatorio visual de las calderas y el vapor que alguna vez llenaron ese mismo espacio.
Tiene una altura de 28,85 metros, de los cuales 25 son de chimenea y 3,85 metros de basamento. El volumen de esta obra es de 49,8 m3 y su peso está calculado en 95 toneladas.
Descubre
Punto Actual: 📍 Plaza Fructuoso Muerza
Próximo Punto de Interés: ⚙️ La Marcadora de Tapas (Calle Amistad, 24)
Desde la base de la chimenea, salga de la plaza hacia la derecha por la Carretera Estella, hasta llegar, a su derecha, a la Calle Nueva. Frente a esta calle, encontrará el siguiente punto, situado en la Calle Amistad, número 24.
Marcadora de Tapas: El sello del control y la calidad
*Marcadora S.XX cedida por El Museo de la Conserva – La Fábrica Vieja
Antes de salir de la fábrica, cada lata debía contar su propia historia: quién la había hecho, qué contenía y cuándo debía consumirse. Durante años, esta información se añadía a mano, pieza a pieza. Hasta que llegó la marcadora de tapas.
Esta máquina permitió grabar en cada tapa, de forma rápida y uniforme, el nombre de la fábrica, el tipo de producto, el lote o la fecha de consumo preferente. Lo que antes llevaba tiempo y precisión artesanal pasó a realizarse en segundos y sin errores.
Su incorporación supuso un gran salto para las conserveras de San Adrián. Aumentó la producción, mejoró la seguridad alimentaria y facilitó el control de cada envase.
Gracias a ella, las fábricas pudieron crecer y organizarse como auténticas industrias.
La marcadora de tapas simboliza así el momento en que la conserva dejó de ser solo un trabajo manual para convertirse en un proceso moderno y eficiente, consolidando a San Adrián como uno de los referentes de la conserva vegetal en el valle del Ebro.
A diferencia de las etiquetas actuales, aquellas tapas se marcaban por embutición. Los tipos de acero golpeaban la hojalata creando un relieve que se podía leer con la punta de los dedos. Ese relieve era, para el consumidor de la época, la prueba física de que la conserva era auténtica y no una imitación, funcionando como un sello de lacre industrial.
Punto de interés gastronómico
Merece la pena hacer una parada en el Restaurante Carlos Oyarbide Bistronomiko. El proyecto personal del Chef Carlos Oyarbide, donde la cocina se convierte en un homenaje al producto de la tierra, tratado con creatividad y un profundo respeto al producto. Galardonado en 2023 y en 2025 con un Sol de la Guía Repsol, la propuesta de Carlos está basada en ingredientes de temporada y en la inspiración diaria del chef, ofreciendo una experiencia íntima y cuidada, donde cada plato refleja la esencia de Navarra.
Más que una comida, es una forma de saborear la tradición agrícola de la zona, transformada aquí en alta cocina con alma.
Disfruta
Punto Actual: 📍 Marcadora de Tapas (Calle Amistad, 24)
Próximo Punto de Interés: ⚙️ Chimenea de Ignacio Muerza (Avenida Navarra, 30)
Tras descubrir el ingenio técnico de la marcadora, nos despedimos de la Calle Amistad para buscar de nuevo en el cielo de San Adrián. Vuelva a la Carretera Estella, y, hacia su derecha, camine el sentido de la calle hasta encontrar el cruce con la Avenida de Navarra. En el número 30, se alzará ante usted el tercer hito de nuestro viaje: la imponente silueta de ladrillo que custodiaba la antigua fábrica de Ignacio Muerza.
Chimenea de Ignacio Muerza: El faro de la expansión
Al alzar la vista frente al número 30, se encuentra ante el legado de Ignacio Muerza Alzugaray, quien en 1914 fundó la empresa “Viuda e Hijos de Ignacio Muerza” (que más tarde sería “Hijos de Ignacio Muerza”).
Como era costumbre en la época, la vivienda familiar solía estar integrada o anexa a la fábrica.
Surgió en la segunda década del siglo XX, un periodo marcado por la Gran Guerra, que impulsó la demanda de productos conservados y favoreció la modernización agrícola en la Ribera de Navarra.
En un espacio de 4.000 metros cuadrados cubiertos, llegó a reunir entre 40 y 50 trabajadores, y logró consolidar una marca propia dentro de la producción local.
Hijos de Ignacio Muerza mantuvo su independencia familiar y su nombre original hasta bien entrada la década de los 80, y fue de las primeras en intentar colocar el producto navarro en mercados europeos, logrando exportar a Francia, Inglaterra y Alemania.
Mientras el sector se concentraba, ellos defendieron desde esta chimenea la calidad del asado tradicional y la elegancia del envase navarro.
Marcas registradas: “El Puente”, “Hijos de Ignacio Muerza”, “Alzugaray”, “El Internacional” y “Alfonso”
Punto Actual: 📍Chimenea de Ignacio Muerza (Avenida de Navarra, 30)
Próximo Punto de Interés: ⚙️ Chimenea Hijos de Pedro Muerza (Calle Veintiuno de diciembre, 19)
Tras contemplar la esbeltez de la chimenea de Ignacio, continuamos por la Avenida de Navarra unos 250 metros aproximadamente, hasta encontrar, a la derecha, y antes de llegar al Puente del Ebro, la Calle Veintiuno de Diciembre, dónde podrá observar la estructura de ladrillo de la familia Hijos de Pedro Muerza. Hemos llegado al cuarto hito de nuestro viaje.
Chimenea Hijos de Pedro Muerza: La resiliencia empresarial
Si las chimeneas de Máximo e Ignacio representaban el éxito individual, esta estructura nos habla de la consolidación de la saga.
Pedro Muerza Alzugaray, era hermano de Máximo e Ignacio. Aunque colaboraron en los inicios, Pedro consolidó su propia línea de negocio bajo la denominación Hijos de Pedro Muerza, S.A, en 1926.
Esta empresa se especializó en mantener un equilibrio entre la tradición artesanal y la producción a gran escala. Mientras la avenida crecía, aquí, en el corazón del pueblo, se seguía trabajando con el mimo de los fundadores originales. Pedro Muerza se ganó un prestigio enorme por su trato directo con el agricultor.
Su gran baluarte fue el pimiento. Mantuvieron durante décadas el proceso de pelado a mano sin agua, lo que conservaba todo el jugo y el sabor del asado, una técnica que hoy es la base de la Denominación de Origen.
Tal es así que apostaban por el nombre de la familia como principal garantía. El mensaje era claro: « Si lleva el nombre de Pedro Muerza, es bueno ».
Esta confianza permitió que la empresa sobreviviera a crisis económicas y cambios de ciclo, manteniendo una clientela fiel en los mercados tradicionales del Norte de España.
La fábrica de Hijos de Pedro Muerza cesó su actividad en 1993. Tras el cierre, las instalaciones de la Calle Veintiuno de Diciembre fueron derribadas, excepto la chimenea.
Esta chimenea es una superviviente nata. Mientras el mundo cambiaba a su alrededor y las fábricas se trasladaban a las afueras, decidió quedarse aquí, recordándonos que la verdadera fuerza de San Adrián reside en saber adaptarse a los cambios sin perder las raíces.
*Marcas registradas: « Martín M. Esparza », « El Marinal », « Aureola » y « J.A.Muerza »
Punto Actual: 📍Chimenea Hijos de Pedro Muerza (Calle Veintiuno de diciembre, 19)
Próximo Punto de Interés: ⚙️ Máquina Cerradora (Paseo del Ebro)
Al final de la calle, el paisaje urbano se abre en una pequeña cuesta a la derecha, para dar paso al Paseo del Ebro. Camine por el paseo junto al cauce del río, disfrutando del sonido del agua que, durante siglos, dio vida a las huertas de San Adrián. Allí, en el centro del parque, encontrará la quinta parada: la Máquina Cerradora de Latas.
Máquina Cerradora: La innovación que selló el futuro
*Cerradora S.XX cedida por El Museo de la Conserva – La Fábrica Vieja
Imagine a un operario soldando latas, una a una, con plomo incandescente. Era un proceso lento, peligroso y artesanal. Pero a finales del siglo XIX, el sonido de los talleres de San Adrián cambió para siempre.
Frente a usted tiene la pieza que cambió las reglas del juego en la conserva.
La llegada de estas robustas máquinas de hierro fundido fue una auténtica revolución: de un plumazo, la manivela y las palancas sustituyeron al soplete.
Con un movimiento firme, estas cerradoras lograban el « milagro » del engatillado perfecto, prensando la tapa contra el cuerpo de la lata hasta hacerlas una sola pieza.
No era solo mecánica; era seguridad e higiene. Teniendo también en cuenta que, lo que antes llevaba minutos, ahora se hacía en segundos.
Este ingenio fue el que permitió que el sabor de la Ribera pudiera viajar meses enteros sin alterarse, convirtiendo el taller en industria y la conserva en leyenda.
Dato curioso
Los mecánicos de las fábricas conserveras de San Adrián no necesitaban ordenadores para saber si la cerradora fallaba. El rítmico « clack-clack » del engatillado debía sonar metálico y seco. Si el sonido cambiaba, significaba que la presión de los rulinas o rodillos de cierre no era exacta y el cierre no sería hermético. ¡Eran auténticos directores de orquesta de hierro fundido!
Curiosidades
Punto Actual: 📍Máquina Cerradora (Paseo del Ebro)
Próximo Punto de Interés: ⚙️ Chimenea “Sola e Hijos” (Avenida D. Celso Muerza, 6)
Tras despedirnos del susurro del río y del ingenio mecánico de la cerradora, regresaremos al corazón de la villa, tomando de nuevo la Avenida de Navarra, avanzando hasta la glorieta que sirve de enlace con la Avenida Celso Muerza. Frente al número 6, podrá observar las Chimeneas de “Sola e Hijos”, posteriormente “Conservas Chistu”.
Chimeneas Sola e Hijos: El prestigio de la marca « Chistu »
La historia de la chimenea de Sola e Hijos es el relato de una de las firmas con mayor visión comercial de San Adrián.
Fundada en 1911, la empresa fue impulsada por Agustín Sola, un empresario que entendió que la calidad de la conserva empezaba en el campo, pero se consolidaba en la fábrica. Bajo su dirección, la firma “Sola e Hijos” se especializó en la excelencia del proceso.
Se decía que las operarias de Sola eran las más hábiles de la Ribera; su destreza para pelar los espárragos sin dañar la yema y estibarlos (colocarlos) de forma artística en los botes era la envidia del sector.
Los Sola se ganaron la fama por el espárrago blanco. Su técnica de escaldado y pelado era considerada un secreto industrial.
El nacimiento de un icono: La Marca “Chistu”. Registrada oficialmente el 24 de marzo de 1925.
Agustín Sola tuvo la genialidad de asociar su producto a la figura del chistu, instrumento de viento que concretamente se trata de una flauta de tres agujeros.
Fue una de las primeras marcas del sector en utilizar un elemento del folclore para generar identidad de patria y calidad.
La marca llegó a ser tan potente que muchos consumidores no pedían « espárragos de San Adrián », sino directamente « un bote de Chistu ».
En sus mejores años, la empresa no solo vendía latas; participaba activamente en la vida social. Sus envases ganaron medallas en exposiciones internacionales, lo que ayudó a que el nombre de San Adrián apareciera en los catálogos gourmet de la época junto a los mejores productos de Francia o Italia.
Contemplar esta silueta es asomarse a la era dorada de San Adrián. Aquí, la familia Sola forjó un importantísimo prestigio, probando que el mimo artesanal de una fábrica local podía competir con las mayores firmas europeas.
Bajo la sombra de esta chimenea, Chistu se convirtió en el sello de elegancia y distinción de toda la huerta navarra ante el mundo.
Punto Actual: 📍Chimenea “Sola e Hijos” (Avenida D. Celso Muerza, 6)
Próximo Punto de Interés: ⚙️ Máquina Autoclave y Jaula (Avenida D. Celso Muerza, 46)
Con la vista aún puesta en su imponente silueta, comenzamos a caminar por la misma avenida, avanzando tranquilamente por la acera. El recorrido es muy sencillo: solo hay que seguir recto por la Avenida D. Celso Muerza, y en apenas unos minutos, tras recorrer unos 400 metros, llegaremos al penúltimo punto del recorrido. Un último impulso para seguir descubriendo la historia de San Adrián antes de llegar a nuestro destino final . Acaba de encontrar la Máquina Autoclave y Jaula, una pieza clave que nos permitirá entender mejor los procesos industriales que marcaron el desarrollo de la localidad.
Autoclave y Jaula: El corazón del vapor
*Autoclave S.XX y Jaula cedida por El Museo de la Conserva – La Fábrica Vieja
Acabamos de llegar al último punto de la Ruta de las Chimeneas, para hablar del « Corazón de Hierro » de las fábricas de conservas.
Imagine una época en la que conservar un alimento era una lotería. Todo cambió a finales del siglo XIX con la llegada de estos colosos de hierro y cobre: las primeras autoclaves.
Eran los « pulmones » de vapor de las conserveras. Gracias a su presión y temperaturas extremas (superando los 100°C), estas máquinas lograban algo que parecía magia: eliminar cualquier rastro de vida microscópica, permitiendo que un espárrago o un pimiento mantuvieran su frescura intacta durante años sin necesidad de hielo.
Con sus cierres de pernos y juntas de caucho, la autoclave no solo sellaba latas; sellaba la seguridad alimentaria, lanzando a San Adrián a la modernidad industrial.
Aunque hoy nos parezca común, en 1890 observar esos cilindros de hierro era ver la cima de la ingeniería industrial; una tecnología puntera que transformó para siempre la seguridad de lo que comemos.
Las jaulas, son elementos auxiliares indispensables para el funcionamiento de las autoclaves en la industria conservera. Su relación es directa: mientras la autoclave proporciona el entorno de calor y presión, la jaula es el vehículo que permite procesar grandes volúmenes de producto de forma organizada y segura.
Al igual que las autoclaves eran el corazón de hierro de las fábricas, las jaulas son el “Esqueleto de Hierro” de las conserveras.
Los operarios, cargaban a mano miles de latas en estas jaulas preparadas para resistir la presión extrema y el calor sofocante de la autoclave.
Al sacar las jaulas de la autoclave, el metal estaba al rojo vivo y el vapor inundaba la sala.
Se rociaban con agua fría para detener la cocción.
Las latas las apilaban de forma que no quedaran huecos muertos (para aprovechar el vapor) pero sin apretarlas demasiado.
Con el tiempo, estas jaulas cilíndricas fueron sustituidas por carros automáticos.
Dato curioso
¿Sabías que las jaulas tenían una “matrícula”? Cada jaula llevaba una placa metálica con un número. Así, si un lote salía defectuoso, podían saber exactamente en qué autoclave se había cocinado.
Curiosidades
Punto Actual: 📍Máquina Autoclave y Jaula (Avenida D. Celso Muerza, 46)
Próximo Punto de Interés: 🏛️ Museo de la Conserva – La Fábrica Vieja (Calle Ribera 31)
Colóquese frente a la autoclave y la jaula. Si mira al frente y dirige la vista hacia la calle que queda a su derecha, podrá distinguir dos de las imponentes chimeneas que ya ha descubierto anteriormente durante la ruta. Comience a caminar en esa dirección y avance hasta el final de la calle. Una vez allí, gire a la derecha y continúe recto. Siga el recorrido con atención y, al llegar a la tercera calle, encontrará la Calle Ribera. Solo tendrá que buscar el número 31: allí le espera el Museo de la Conserva, el punto que pone el broche final a esta ruta turística llena de historia y tradición.
Museo de la Conserva (La Fábrica Vieja): El Templo de la Memoria
Llegados al final de la ruta, se preguntará cómo logramos conserva todo este legado.
Gracias al punto en el que usted se encuentra ahora mismo… El Museo de la Conserva (“La Fábrica Vieja”).
Este lugar lleno de historia se creó en 2019, en la antigua fábrica de Conservas El Navarrico.
En su interior, puede recorrer la evolución del sector conservero: desde los procesos más artesanales hasta la progresiva mecanización industrial.
Maquinaria original, utensilios, documentos históricos y testimonios permiten comprender cómo funcionaban las fábricas, cómo se organizaba el trabajo y qué papel desempeñaron hombres y mujeres en este desarrollo.
El museo no solo habla de producción, sino también de esfuerzo colectivo, innovación y arraigo. Es un homenaje a quienes hicieron posible que San Adrián se convirtiera en un referente conservero.
Si desea conocer más a fondo todo lo que ha dado forma a este pasado industrial, la visita al Museo de la Conserva se convierte en una parada fundamental.
Más información: La Vieja Fábrica
Punto Final: 📍 🏛️ Museo de la Conserva – La Fábrica Vieja (Calle Ribera 31)
Un viaje al corazón del emprendimiento industrial de San Adrián
Y así, entre chimeneas, fábricas y memoria, llegamos al final del recorrido.
San Adrián no solo se ha mostrado ante nosotros como un lugar, sino como una historia viva hecha de esfuerzo, innovación y comunidad.
Esta ruta rinde un cálido y sincero homenaje a los visionarios emprendedores y a las empresas pioneras que, con audacia y esfuerzo, convirtieron a San Adrián en un referente de la industria conservera. Un recorrido por los hitos que llevaron el nombre de nuestra villa y el sabor de la Ribera a las despensas de todo el mundo.
Gracias por caminar este tramo del pasado que sigue latiendo en cada rincón del presente.