El Fortín
Junto a La Barca se alza el Fortín de Azagra, una modesta construcción defensiva del siglo XIX con un alto valor simbólico. Se levantó en 1874, en plena Tercera Guerra Carlista, pocas semanas después del gran desprendimiento de La Peña. Su misión: vigilar y defender el paso del Ebro desde la margen navarra, controlando el tránsito por el histórico puerto de barca. El edificio, de pequeño tamaño, presenta saeteras y huecos de defensa propios de la época, y conserva la memoria de usos vinculados al control del cruce fluvial. Tras décadas de deterioro, el Ayuntamiento acometió su rehabilitación con un proyecto que reparó cubierta y muros, vació anexos interiores para generar un único espacio y abrió al río una gran superficie acristalada. Desde su recuperación, el Fortín funciona como sala expositiva y espacio para actividades vecinales, añadiendo a La Barca un foco cultural que dialoga con el paisaje. El conjunto —paseo, área recreativa, Fortín— convierte la ribera en un itinerario de lectura histórica: del puerto medieval al control decimonónico, y de ahí a la reinterpretación contemporánea como lugar de encuentro y ocio al aire libre.