Trujal de Belver (almazara de sangre, s. XIX)
A poco más de medio kilómetro del casco urbano se conserva el Trujal de Belver, la almazara de sangre íntegra mejor preservada de Navarra y Bien de Interés Cultural desde 2006. El edificio, fechado hacia 1862, reúne en una sola pieza varios elementos clave del proceso tradicional del aceite: trojes, pila de decantación, empedrado de cantos y, sobre todo, la gran viga prensadora —de unos 17 metros— con sistema de “escalera” o husillo que permitía multiplicar la fuerza aplicada sin maquinaria moderna. Esa tecnología de palancas y tornos, que hoy asombra por su sencillez y eficacia, ilustra cómo la Ribera aprovechó el cultivo del olivo en clima seco y suelos aluviales.
La arquitectura combina mampostería y ladrillo, con un interior amplio pensado para el trabajo estacional de cuadrillas. La visita guiada —gratuita con reserva— explica con detalle el camino de la aceituna, desde la descarga y molienda hasta el reposo del aceite. Junto al trujal se ubica la histórica Casa de Belver (inicio del XIX), hoy rehabilitada como alojamiento rural, que ayuda a comprender la escala doméstica y agrícola del conjunto.
El atractivo del trujal no es sólo técnico o etnográfico. Para el viajero actual, la experiencia completa consiste en entender el vínculo entre paisaje y producto: el olivo como árbol adaptado al cierzo y a veranos secos, la cosecha en invierno y el aroma del aceite nuevo. En temporada, la ruta encaja muy bien con bodegas de la zona y con la huerta ribereña, componiendo una jornada gastronómica coherente: verduras, aceite y vinos DO Navarra con un trasfondo patrimonial auténtico. El acceso se realiza por el Camino de las Huertas, en la llanura aluvial del Ebro.