La etapa 3 tiene un trazado diferente por cada orilla del río, dando lugar a un recorrido circular de 37 km o bien a un recorrido lineal entre Castejón y Tudela. El recorrido por la ribera izquierda comienza a la altura de Castejón, en la orilla opuesta del río Ebro.
Poco después pasa junto al Soto Alto e inmediatamente se aleja del río Ebro, en una zona en la que forma unos grandes meandros. Allí es posible desviarse del trazado para visitar Valtierra, a 1,6 km, y Arguedas, a 3,5 km. Tras visitar un área de descanso, el último tramo hasta Tudela se realiza pegado al río Ebro en dirección sur, en paralelo a la carretera de Arguedas.
El trazado de la etapa 3 por la orilla derecha del río parte de Castejón y es su mayor parte es común con el Camino de Santiago y el Camino Ignaciano. Recorre varios lugares de interés natural, destacando el Soto de los Tetones, y en su tramo final realiza un bucle en torno a la zona de huertos y sotos conocida como La Mejana. Los dos recorridos de la etapa confluyen en el emblemático Puente del Ebro de Tudela.
Ficha técnica
Este tramo del Corredor Verde discurre por la margen derecha del Ebro, formando un bucle circular que combina el entorno fluvial con antiguos caminos y un paisaje geológico singular. El trazado junto al río coincide con el Camino Natural del Ebro, mientras que el recorrido interior enlaza Tudela, Fontellas y El Bocal por la vía verde del Tarazonica, compartiendo tramos con el Camino de Santiago y el Camino Ignaciano.
Este tramo, que cuenta con un Bikepoint en Tudela, es ideal para recorrer en bicicleta por su distancia y desnivel moderados. Conecta pueblos y caminos históricos, guiando al visitante entre la geología desértica de un paisaje único en Navarra y el verdor del Ebro.
Este paisaje comenzó a formarse hace entre 35 y 40 millones de años, cuando la Cuenca del Ebro era un gran lago interior que acumulaba sedimentos de hasta 6.000 metros. Hace 10 millones de años, se abrió hacia el Mediterráneo y nació el río Ebro, iniciando la incisión de una red de drenaje que aún hoy modela el paisaje.
En la Bardena, el clima semiárido y la erosión sobre materiales de distinta dureza han formado un paisaje que se conoce como “badlands” o malas tierras. Este relieve contrasta con los fondos planos del valle del Ebro, donde la menor pendiente y la acumulación de decenas de metros de sedimentos recientes han dado lugar a suelos fértiles aprovechados para la agricultura.